En la conferencia de prensa que dio después del entrenamiento, se le volvió a insistir con el tema y repitió lo mismo: "no se entrenó porque no estaba en condiciones. Punto. No voy a hablar de Ortega, no quiero ser reiterativo".
Con ese decir poco, dijo mucho. Quedó como sobreentendido que el jujeño, según el técnico, había sufrido una recaída en el tema personal que lo tiene a maltraer desde hace tiempo. Ariel llegó poco después de las 10 de la mañana al Monumental y 10.25 se retiró, después de una breve charla con Passarella. Si bien hoy no iba a jugar porque tiene que cumplir una fecha de suspensión, debía practicar como todos. Incluso, esa fisura en su mano derecha que sufrió en el partido contra Godoy Cruz no le hubiese impedido formar parte de los trabajos. El asunto fue que Passarella no lo encontró en el mejor estado como para empezar a trabajar y le dijo que se fuera, como si el paternalismo que el técnico siempre aplicó sobre quien toda la vida fue su jugador preferido, haya llegado a su fin.
QUIERE SEGUIR, PERO...
Otra vez, se le puede adosar un signo de interrogación al futuro de Ortega en River. El Burrito tuvo una oferta concreta del Necaxa mexicano, pero él mismo terminó por rechazarla y prefirió seguir en el club. Su idea es jugar en River por lo menos durante toda la temporada 2007-08, porque él sabe que está en deuda sobre todo con la gente. Su retorno a River hasta ahora no produjo el resultado deseado. Jugó poco debido a sus continuas recaídas, no pudo entrar en ritmo y mostró su calidad de manera esporádica. Pero después de este nuevo episodio, habrá que ver si la paciencia de los conductores -futbolísticos y dirigenciales- de River sigue en pie.
Ortega volvió a River a mediados de 2006, pero no pudo asentarse. Después de un partido contra San Lorenzo, que el Millo ganó 5 a 0 y donde él convirtió un golazo espectacular como para empezar a entusiasmar al hincha, admitió públicamente su enfermedad adictiva y pidió ayuda. De ahí en más, no volvió a jugar hasta 2007. Hizo la pretemporada con normalidad en Mar del Plata hasta el partido por el torneo de verano contra Racing. La rompió, fue figura. Y después, tuvo aquella recaída que obligó a Passarella a marginarlo del plantel y hacerlo volver a Buenos Aires. Desde allí, jugó poco. A veces rindió, a veces no. La gente siempre lo pidió pero Passarella administró muy severamente sus inclusiones.
Ahora, se recicla el mismo inconveniente. De nuevo, Ortega está en el ojo de la tormenta. Recomienza la misma historia, siempre sin un final cierto.
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